El desván de un anticuario. Arturo Michelena (1893)
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domingo, 6 de mayo de 2012

Post Card

"Macuto. Hotel Miramar" (Photo Postcard - Archivo Fundación de la Memoria Urbana)


Apreciado don Arístides,

De nuevo, el Miramar. Pero, fíjese, por favor, aparte de toda la belleza de esta Post Card fotográfica -y quizás por ella-, en la caligrafía meticulosa de quien la adquiriera un día para jamás enviarla...

"MACUTO": nombre de palacio.Y nombre de ciudad. Por arte de magia, Roma y Caracas se unen en una sola y palaciega palabra. De aquel Palazzo Macuto que se levanta...

 Cordialmente,


señora Gómez

 (Photo Postcard - Archivo Fundación de la Memoria Urbana)

Cordialmente,


señora Gómez


Listen to La Colonna Musicale
-Ottorino Respighi (1879-1936). Sonata per pianoforte in fa minore (P.16) (1897).


Dear don Arístides,

Again, the Miramar. But please note, apart from the beauty of this Photo Post Card -and perhaps because of it-, the meticulous handwriting of who acquired it one day to never sent it...

"MACUTO": a palace's name. And a town's name. Magically
, Rome and Caracas are united in a single palatial word. From that Palazzo Macuto that rises in...
Cordially yours,
señora Gómez

jueves, 24 de junio de 2010

Tiempos viejos

(f. "Columna del viejo Hotel Miramar", 2008. Okty1. Tomada del sitio Web Flickr.com)

Apreciado don Arístides,

Observe usted las fotos. Al parecer, este tipo de capiteles cerrados, en forma de capullo de loto, provienen de la arquitectura egipcia. También los llaman "capiteles en capullo" o "capiteles bulbeiformes", o "lotiformes", aunque en el caso de los capiteles vegetales del Comedor del Hotel Miramar, suerte de palaciega veranda elevada sobre su piano nobile para mirar el mar, Alejandro Chataing, su arquitecto, no quisiera cerrar los pétreos bulbos del todo...

(f. "Miramar 3". 2000. Sandra Carillo K. Archivo Fundación de la Memoria Urbana).

Volviendo a contemplarlos a casi un siglo de haber sido erigidos (1925) en su magnífico sitial en la costa caraqueña, altos sobre sus albos tallos cilíndricos, unos lucen como un jardín plantado de Zinias troqueladas, mientras que entre las hojas de los otros -los más- asoman litorales rosaledas. Y es que en el Comedor del Miramar, donde una vez Gardel cantó, este bosque de tallos era comúnmente recubierto de hiedras trepadoras u otras hierbas tropicales rampantes, lo que da fe de que -como en el tango de Gardel- en los Tiempos viejos de la ciudad de Caracas los expertos en hotelería también eran expertos dans le gôut Art Nouveau.

Cordialmente,
señora Gómez

Listen to La Colonna Musicale
-Carlos Gardel. Tiempos viejos (Tango)

Dear don Arístides,

Observe the photographs. Apparently, this type of closed capitals in the shape of lotus buds, come from Egyptian Architecture. They are also called "Bud capitals" or "Bulb", or "Lotus capitals", though in the case of the vegetable capitals of the Hotel Miramar´s Dining room, a palatial veranda raised on its piano nobile to look at the sea, Alejandro Chataing, the architect, did not want to close the stony bulbs completely...

Coming back to look at them almost a century after the time when they were raised (1925) in their magnificent location on the Caracas coast, high on their white cylindrical stems, some shine as a garden of sculpted Zinnias, whereas the leaves of the others -the majority- depict coastal roses. In the Miramar´s Dining room, where once sang Gardel, this forest of stems commonly was covered with climbing ivies or other tropical rampant herbs, which gives faith that -as in Gardel's tango - in the Tiempos viejos of the city of Caracas, hotel experts were also experts dans le gôut Art Nouveau.

Cordially yours,
señora Gómez

domingo, 13 de junio de 2010

Carta Postal

"Hotel Miramar. Macuto, Venezuela", c. 1920s (f. La Margarita. J.M. Chirinos, Caracas - Archivo Fundación de la Memoria Urbana)

Apreciado don Arístides:

Miramar. Muchos grandes albergues y hoteles de playa de comienzos del siglo XX llevaron este nombre: en Málaga, en Barcelona, en La Habana, en Cannes... Esta bella carta postal que hoy le envío tuvo la virtud de ponerme a pensar de nuevo en el gran hotel de la costa caraqueña.

No era la ciudad balneario de Macuto una estación de veraneo naïf, don Arístides: las arquitecturas están más que bien puestas, y entre ellas, mejor que ninguna, el monumental Hotel Miramar. ¿Que por qué lo afirmo?

Fíjese usted: todo arranca en la playa, en la costa pedregosa con su porosa banda de Uveros. Luego, como en un oleaje de formas sucesivas que se replican mutuamente, nace el largo malecón, con su muro/banco continuo y sus escalinatas escondidas (una invención netamente caraqueña, huelga agregar; no lo hay similar en Trouville, ni en Coney Island, ni en San Sebastián, ni en Hougsgate, ni siquiera en el mismo Deauville, tan a menudo comparado con Macuto...) Acto seguido, la planche, la promenade, el imprescindible lungomare para el desfile elegante, y junto a éste la frondosa Avenida La Playa, discurriendo -como corresponde- sous les palmiers.

Hotel Miramar, c. 1920s (f. Archivo Fundación de la Memoria Urbana)

El ritmado muro norte del gran albergue, limitando el predio del jardín cultivado, y las escalinatas con sus amplios toldos de lona, son la antesala perfecta a un piano nobile tropical dotado de una soberbia colección de aperturas que hacen en su conjunto el más hermoso belvedere del mar Caribe: mi lido favorito, la apoteosis del balneario. Entonces, arrellanado, distendido en medio de esta lujuriosa veranda, instalado entre las columnas de capiteles florales, se ofrece, deliciosamente, cual gourmandise, el restaurante que mira al mar.

Bon appétit, ¡querido amigo!

señora Gómez

Listen to: La Colonna Musicale
-Isaac Albéniz. Sous le palmier

Dear don Arístides:

"Miramar". Many great lodges and beach hotels from the early twentieth-century in Malaga, Barcelona, Havana, in Cannes took this name... This beautiful postcard that I send you today had the virtue of bringing me back to think about the grand hotel of the Caraquenian coast.

The beach town of Macuto was not a naïf holiday resort, don Arístides: the architectures are more than well placed, and among them, better than none, the monumental Hotel Miramar. Why do I say so?

Take a look closer: everything starts at the beach, on the rocky coast with his porous band of Uvero trees. Then, like a tide of successive forms that mimic one another, comes the long jetty, with its continuous wall/bench and its hidden steps (a purely Caracas invention, needless to add, there is not anything similar in Trouville, or in Coney Island, or San Sebastian or in Hougsgate, not even in Deauville, so often compared to Macuto...) Then, la planche, the promenade, the essential lungomare for the elegant parade, and next to it the leafy Avenida La Playa, running -as it should- sous les palmiers.

The north wall of the great hotel, limiting the boundaries of the cultivated garden, and the stairs with their broad canvas marquees are the perfect prelude to a tropical piano nobile equipped with a superb collection of openings that create the most belvedere beautiful belvedere on the Caribbean Sea: my favorite lido, the beach town´s apotheosis.
Then, installed, relaxed in the middle of this lustful veranda, fitted among the floral capital columns, is deliciously offered, like a gourmandise, the restaurant that watches the sea.

Bon appétit, dear friend!


señora Gómez